Colección

Speedy

Speedy nace de la tortuga como símbolo de sabiduría, longevidad y buena suerte. Tras la experiencia del coronavirus, quise convertirla también en una reflexión sobre la importancia de avanzar con más calma, distinguir lo esencial y aprender a vivir de una forma más consciente. Su concha poliédrica y su postura en movimiento, mirando hacia el futuro, representan la perseverancia, la resistencia y una idea distinta del progreso: no llegar antes, sino llegar mejor.

Speedy nace de una figura que siempre me ha fascinado: la tortuga. En la cultura china, es uno de los grandes animales mitológicos y simboliza la sabiduría, la protección y la longevidad. Según la leyenda, el emperador mítico Fuxi descubrió en el caparazón de una tortuga sagrada los primeros signos que ayudaron a interpretar el orden del mundo. Desde entonces, la tortuga ha quedado asociada a la intuición, la reflexión y la buena fortuna.

Siempre me ha atraído esa idea de un animal que no necesita la velocidad para avanzar, porque su fuerza está en otra parte: en la constancia, en la resistencia y en la inteligencia del tiempo.

Speedy surgió también de una reflexión muy personal después de la experiencia del coronavirus. Como a tantos otros, aquella etapa me obligó a detenerme y a mirar la vida desde otro lugar. De repente, nos vimos atrapados en una realidad desconocida, privados de movimiento, de contacto y de certezas. Pero en medio de esa pausa forzada también apareció algo revelador: la posibilidad de distinguir entre lo esencial y lo accesorio.

Aprendimos —o al menos tuvimos la oportunidad de aprender— a movernos más despacio. A valorar el tiempo compartido, la conversación, la espera, los pequeños rituales cotidianos. A entender que no todo lo urgente es importante y que muchas veces vivimos demasiado deprisa para escuchar lo que de verdad importa.

Por eso quise que Speedy fuera mucho más que una tortuga. Para mí, representa esa nueva conciencia: la de avanzar con calma, pero con dirección. Su cuerpo en movimiento, mirando hacia arriba, habla precisamente de eso. No es una figura detenida, sino una presencia que sigue adelante con pasos medidos, guiada por la reflexión y por una idea más sabia del progreso.

Su concha poliédrica introduce un lenguaje contemporáneo en un símbolo ancestral. Esa geometría proyecta la obra hacia el futuro, como si todo lo aprendido en los últimos años pudiera transformarse en una nueva manera de vivir: más flexible, más humana y más consciente de nuestra fragilidad.

Hay además algo profundamente inspirador en la tortuga. Solo una pequeña parte de las tortugas marinas llega a la edad adulta. Desde el inicio, su existencia es una lucha silenciosa contra todo. Por eso, para mí, son también un símbolo de perseverancia, calma y capacidad de seguir adelante incluso en las condiciones más difíciles.

Speedy encarna ese equilibrio entre lentitud y determinación. Nos recuerda que avanzar no siempre consiste en correr, y que a veces la verdadera fortaleza está en sostener el rumbo sin perder el centro.

Quizá por eso esta obra tiene también para mí una resonancia íntima: mi abuelo coleccionaba tortugas. Y estoy seguro de que no era casualidad.

Con Speedy quise rendir homenaje a esa sabiduría tranquila que sabe esperar, resistir y seguir caminando.

Porque a veces el mayor éxito no está en llegar antes, sino en llegar mejor.

I wish you a Speedy success.

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