Colección

Meninas

La Menina del siglo XXI nace de mi admiración por Velázquez y de una pregunta: ¿cómo reinterpretar hoy uno de los grandes iconos de la historia del arte? A partir de esa idea creé la primera Menina en formato poliédrico, construida sobre 448 facetas y llevada a un lenguaje contemporáneo a través de la geometría y el color. Una obra que une tradición e innovación, mira al futuro y conserva intacta la fuerza de su origen. Este fue el propósito que me hice al crear esta obra.

Siempre he pensado que Velázquez ha sido uno de los mayores genios de la historia del arte. No solo por su técnica extraordinaria, sino por su capacidad para ir mucho más allá de la pintura y convertir una imagen en una experiencia de pensamiento, de misterio y de tiempo. Las Meninas no es simplemente un cuadro: es una obra inagotable. Una composición compleja, moderna incluso siglos después, que sigue generando preguntas, interpretaciones y admiración. Cada vez que la observo, tengo la sensación de estar ante una obra viva, capaz de seguir dialogando con nosotros desde el presente.

Precisamente por eso, reinterpretar ese icono suponía para mí un desafío enorme. No me interesaba hacer una versión decorativa ni una reproducción nostálgica. Quería preguntarme, desde mi propio lenguaje, cómo sería hoy esa figura tan emblemática. Cómo podría existir una Menina en un mundo marcado por la velocidad, la tecnología, la imagen y la transformación constante.

Mi intención era crear una Menina nueva, reconocible y al mismo tiempo inesperada. Una obra que mantuviera el vínculo con el universo velazqueño, pero que hablara claramente en un lenguaje contemporáneo. Por eso decidí llevarla al terreno de la geometría, convirtiéndola en la primera Menina realizada en formato poliédrico, con un cuerpo constituido por 448 facetas diferentes. Esa fragmentación me permitía construir una figura más actual, más dinámica y más conectada con la sensibilidad visual de nuestro tiempo.

El color, por supuesto, tenía que ser protagonista. Es el lenguaje en el que me siento más libre y es también lo que da vida a mis esculturas. A través del color pude alejar esta Menina de cualquier solemnidad rígida y convertirla en una pieza vibrante, expresiva y abierta a múltiples lecturas. Me interesaba que cada versión tuviera una personalidad propia, que pudiera jugar con distintos acabados y que la obra mantuviera siempre su fuerza icónica.

Para mí, esta Menina representa el encuentro entre tradición e innovación. Es una forma de rendir homenaje a Velázquez desde el presente, sin intentar imitarlo, sino dialogando con su legado desde mi propia mirada. Si él fue capaz de crear una imagen eterna para su tiempo, yo quise imaginar cómo podría renacer esa misma fuerza en el siglo XXI.

El resultado es una obra innovadora, contemporánea y siempre reconocible. Una Menina que mira al futuro sin perder la memoria de su origen. Una figura que nace de la admiración, pero también del deseo de demostrar que los grandes iconos todavía pueden transformarse, sorprendernos y volver a cobrar vida.

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