Colección

Klever

Klever nace de una pregunta: ¿hemos evolucionado realmente como humanidad? El libro que sostiene (elegido por el coleccionista) simboliza lo que forma nuestro pensamiento: la educación, la cultura, la información y los principios que afirmamos defender. La obra nos invita a mirar más allá de lo que leemos y preguntarnos si somos capaces de actuar con coherencia. Al llegar a casa nuestra primera reflexion es ver a Klever con el libro y preguntarnos si lo hemos aplicado en nuestro diario vivir. Sus 49 piezas (7 múltiplos de 7) aluden a los septenios como ciclos de evolución de la conciencia y cambios de vida , convierten a Klever en una reflexión sobre aprendizaje, responsabilidad y madurez.

Ante lo que estamos viviendo, hay una pregunta que no deja de acompañarme:

¿el ser humano ha evolucionado o, en algunos aspectos, ha involucionado?

Gran parte de lo que pensamos nace de aquello que leemos. Los primeros libros nos ayudan a comprender el mundo; después llegan los periódicos, la literatura, las pantallas, las redes y las infinitas fuentes de información que consultamos cada día. Todas ellas influyen en nuestras creencias, moldean nuestras opiniones y participan en las decisiones que tomamos.

Decimos “lo he leído” como si esas palabras fueran una garantía de verdad. Pero leer no siempre significa comprender, y estar informado no implica necesariamente haber desarrollado un criterio propio.

Somos, en gran medida, lo que leemos. Pero también somos lo que hacemos con ello.

El lenguaje no es inocente. Puede educar, despertar conciencias y acercarnos a los demás, pero también puede manipular, dividir y justificar lo injustificable. Las palabras no se las lleva el viento: permanecen, se transmiten y terminan influyendo en la manera en que una sociedad piensa y actúa.

Klever sostiene un libro porque representa la conciencia, la memoria y la responsabilidad individual. Al entrar en casa, parece entregarnos un volumen escrito con nuestros propios principios. No nos pide que lo leamos, sino algo mucho más difícil: que vivamos de acuerdo con él.

Y cuando volvamos a salir, la pregunta será inevitable:

¿Seguiremos defendiendo esos principios cuando ponerlos en práctica tenga un coste?

Klever está formado por una edición de 49 piezas únicas. Elegí este número por su relación con los ciclos de siete años presentes en la antroposofía, entendidos como etapas de transformación y desarrollo de la conciencia. Siete ciclos que deberían reflejar aprendizaje, cambio y evolución.

Pero ¿estamos evolucionando realmente o nos hemos detenido?

Un antiguo proverbio divide la vida en tres grandes etapas: un tiempo para aprender, otro para luchar y un último para alcanzar la sabiduría. Sin embargo, al observar el mundo, me pregunto si como humanidad hemos llegado de verdad a esa madurez o si continuamos reaccionando desde el miedo, la imposición y la incapacidad de aprender de nuestra propia historia.

Klever no ofrece una respuesta. Nos devuelve la pregunta.

Porque quizá la evolución no se mida por la tecnología que somos capaces de crear, sino por nuestra capacidad para pensar con libertad, actuar con coherencia y no olvidar los principios que decimos defender.

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